lunes, 12 de diciembre de 2011

Algo sobre el tiempo y la acción nunca realizada.

El silencio es un clisé, pero nuestro silencio es un espacio, un vacío.

La distancia temporal es un obstáculo insalvable, alcanzable solo a través de las mirillas de la mente.

El presente no existe, todo lo que vemos es un reflejo del pasado, y no recurro a ninguna licencia poética, vemos el pasado y actuamos respecto a lo que creemos que pasará. De hecho todo lo que tenemos es la seguridad del pasado y la esperanza del futuro.

Tic. Tú. Toc. Estas. Tic. Lejos. Toc. Del. Toc. Otro. Tic. Lado. Toc. Del. Tic. Reloj. Toc.

Tic. Toc. Tic. Toc. Tic. Toc.

Insalvable obstaculización, sentado en el sillón me enamoro de la persona que nunca conocí. Esta sentada en las escaleras de piedra y espera que la brisa la detenga, allí es donde mi sombra hubiese entrado en un acto de heroísmo estoico, y la hubiera tomado con palabras suaves como estas del mundo inexplicable donde ella vaga como sombra sin rumbo a un mundo donde cada cosa es cada cosa y el fantasma de lo posible de asoma a cada grieta. Pero la tarde se acaba, y mis palabras no han madurado aún, helado y con el cansancio de las conjugaciones en presente de los quince nuevos verbos en francés me largo de allí y ella se queda sentada sola.

Demasiado absurda es la pretensión de alargar el tiempo para impedir que sucedan los hechos, quizá, el obstáculo no es el destino, sino la inevitable (y praxeológica) paradoja de la maquina del tiempo, el haber evitado, al menos una muerte, hubiera deshecho mis incentivos futuros para volver atrás y detener el accidente, pero al mismo tiempo, eso hubiese hecho que el accidente no fuese detenido por una persona que se encontrara incentivada a detenerlo y por acción del domino de la naturaleza, el accidente hubiese ocurrido, haciendo de la pretensión de detenerlo un vano ejercicio de un tormento de Sísifo.

Así que vagando por esos laberintos, sentado aún en el sillón desenredo la espiral, la construcción de probabilidades y me pregunto, en un mapa mental, como un ejercicio absurdo, ¿Qué hubiese sucedido si no lo hubieses encontrado a él, y por consiguiente no me hubieses encontrado a mí?. El espacio diacrónico es más complejo de representar que el sincrónico, requiere este de una precisión mayor para emular los espacios cambiantes en los que el tiempo se desenvuelve, así que es preciso para la mente construir tipos ideales, conceptos abstractos de sitio donde la acción tome forma y se desarrolle en dos planos temporales distintos;

El primer plano es la tarde con luz, una tarde fría donde ella se sienta en las escaleras.

El segundo plano es la aparición de una sombra un cuarto de hora antes.

El tercer plano, y el plano que pretendemos evitar, es la aparición de un segundo espectro de cabello extraño, plano que retiraremos por la introducción de un vendedor de elotes imaginario y de un vagabundo ebrio que causó repulsión en ella, y provoco que se alejará de ahí y jamás conociera su suerte oscura.

El cuarto plano soy yo, y ya que mi figura no toma relevancia alguna más que la naturaleza diacrónica de mi acción, podemos dejarlo intacto.

La vida es un laberinto, cuyos caminos siempre te llevan al final de cuentas a una salida.

Todo esto es un ejercicio mental, experimento para deshacerme del ultimo reducto de imposibilidad para olvidarte: el tiempo, la obsesión de ser un héroe atemporal que nubla a ratos mis noches y otras mis instintos.

Expliquemos más a fondo la teoría paradójica de la maquina del tiempo.

I. El hace X por conocerte. Si no te hubiera conocido, no hubiera hecho X, o quizá sí, pero su acción X no hubiese tenido relevancia alguna para ti.

II. El hizo X, y eso es un hecho.

III. Si pudiese viajar en el tiempo e impedir que hiciera X, jamás te habrías visto motivada para cambiar tu vida, y ergo, conocerme.

IV. Por lo tanto, mi persona, presente en ese pasado jamás se hubiera visto motivada para pensar siquiera en detener su acción X y no hubiese viajado en el tiempo para impedirla, y por lo tanto, él hubiera realizado X.

Sin embargo, esta paradoja solo tendría validez, si yo, materialmente, viajara en el tiempo, algo que no sucedería con una simple transmisión de conciencia temporal, y fuera yo mismo, solo que en el pasado, quien detuviera su muerte.

Es en este caso hipotético, suponiendo que yo en ese momento hubiese conocido la forma en que los hechos sucederían, donde puedo juguetear a cambiar la historia, sin recurrir a maquina del tiempo alguna, hubiera preferido hacer que nunca lo conocieras, por considerar esa opción el óptimo para nosotros tres, de cualquier manera, eso es algo que nunca ocurrió, y ya estamos jodidos, tu, yo y él, y unas cuantas personas más.

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